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Fuente: El Mundo España // 07/03/2022

El 14 de octubre del año pasado, en torno a las nueve noche, un barco mercante que navegaba por las aguas del Estrecho de Gibraltar se topó con los restos de una patera semi hundida a la que se aferraban varias personas en medio de un temporal con vientos de 35 nudos y olas de hasta tres metros. Era todo lo que quedaba de una embarcación que había zarpado tres días antes de las costas de Marruecos. A bordo viajaban 28 personas y cuando llegó el barco de Salvamento Marítimo para auxiliarles solo quedaban dos supervivientes, el tercero había muerto.

En esa frágil patera no sólo viajaban hombres, también embarcaron mujeres. Pero ninguna sobrevivió. Y no es un caso aislado.

Aunque son menos las mujeres que se lanzan a cruzar desde el norte de África por el Estrecho de Gibraltar, el mar de Alborán o por el Atlántico hasta las Canarias, el peligro al que se enfrentan es mucho mayor que el de los hombres. Exactamente, un riesgo dos veces mayor de morir en el intento.

La razón hay que buscarla, dicen los expertos, en las condiciones del traslado y en las embarcaciones a las que se suben. Los trayectos que más frecuentan, la ruta a las islas Canarias fundamentalmente, son más largo y más peligrosos por las condiciones del mar. A eso se suma que normalmente se las coloca en el centro de las embarcaciones al cuidado de los hijos menores o están embarazadas y eso incrementa considerablemente el riesgo en caso de naufragio.

Si de cada cien hombres que embarcan en una patera o en un cayuco rumbo a las costas españolas, cinco mueren antes de lograrlo, cuando se trata de mujeres, esa proporción se duplica y el diez por ciento fallece. Es lo que dicen las estadísticas que ha recopilado en el informe Frontera Sur 2021 la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, que constatan, sin embargo, cómo han muerto en algunas de las rutas migratorias que tienen como destino España más de 2.000 personas. En concreto, 2.126, el 81% de las cuales eran hombres y el 19% restante, mujeres.

Ana Rosado, coordinadora del informe, y Diego Boza, coordinador general de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, presentan el documento.
Ana Rosado, coordinadora del informe, y Diego Boza, coordinador general de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, presentan el documento.APDHA

El informe de este año, como han destacado Diego Boza, coordinador general de la APDHA, y Ana Rosado, coordinadora del documento, tiene como protagonista a la mujer migrante y se ha presentado en vísperas de la celebración del Día Internacional de la Mujer.

Nunca antes, desde que Pro Derechos Humanos elabora este informe anual, se había alcanzado una cifra tan elevada de fallecimientos (es un 24% más alta que la del año anterior) y, asegura la ONG, la cifra es sólo una estimación a la baja basada en el seguimiento de los naufragios. La real, aseguran, podría ser mucho mayor, hasta el doble y desde 1988 se calcula que habrían perdido la vida 12.208 inmigrantes.

Pero es que, además, subraya el informe conocido este lunes, la letalidad de la frontera sur aumenta año tras año a pesar de que los movimientos migratorios se reducen. Mientras que el aumento de llegadas apenas superó el 6% con respecto al año anterior por vía marítima, murieron 409 personas más, es decir, una subida del 23,82%.

De esos 2.126 muertos de 2021, sólo se pudo recuperar el cadáver de 1.457 y el resto, 669, figuran oficialmente como desaparecidos.

Por rutas, la más letal es, con diferencia, la de las Canarias, que acumula 1.332 fallecimientos. En segundo lugar se situó la costa argelina, donde perdieron la vida 492 personas y, luego, el mar de Alborán, con 162 víctimas. A continuación, el Estrecho de Gibraltar, con 99 muertes, y el Levante, con 41.

Por meses, el más negro fue agosto, ya que en esos treinta días se registraron 355 muertes, y después junio, con 212.

MÁS DE 56.000 INMIGRANTES LLEGARON EN 2021

Los que tuvieron mejor suerte y sí consiguieron pisar territorio español fueron 56.833, de acuerdo con los cálculos de la ONG, que pone en cuestión las estadísticas oficiales del Ministerio del Interior, que prácticamente registra las mismas llegadas en 2021 que en 2020. Eso se debe, critican desde Pro Derechos Humanos de Andalucía, a que, por ejemplo, no contabilizaron las llegadas masivas del mes de mayo, cuando Ceuta sufrió una avalancha de 10.000 inmigrantes, la mayoría jóvenes, de origen marroquí.

Por vía marítima, desembarcaron en las costas españolas 42.988 inmigrantes en 2.238 pateras, mientras que por vía terrestre, a través de las fronteras de Ceuta y Melilla, llegaron 13.845. La gran mayoría de estos desplazamientos se produjeron en el segundo semestre del año y el pico se alcanzó en el mes de septiembre, con 8.092 entradas de inmigrantes, mientras que el mes más tranquilo fue febrero, con 1.202.

Una mujer deposita flores junto al cadáver de un inmigrante arrastrado por el agua.
Una mujer deposita flores junto al cadáver de un inmigrante arrastrado por el agua.EFE

La ruta canaria acaparó el 58% de estas entradas debido, señala Pro Derechos Humanos, a presión marroquí «subcontratada» por el gobierno español en Alborán y el Estrecho. Pero, pese a ese «bloqueo», a Andalucía llegaron 2.250 inmigrantes más que en 2020 hasta alcanzar los 12.456 a bordo de 1.141 embarcaciones aunque muchos de ellos lo hicieron, cada vez más, por una ruta más larga con punto de partida en Casablanca.

Andalucía se colocó en tercer lugar en cuanto a la entrada de inmigrantes de forma irregular después de Canarias (con 24.898) y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla (con 14.288). Y dentro de Andalucía, Almería fue la que mayor presión recibió, puesto a que su litoral llegaron 7.012 personas y 527 pateras. A continuación se situó Cádiz, con 3.339 inmigrantes y 452 embarcaciones y en el otro extremo, la provincia con menor número de inmigrante desembarcados en sus costas fue Huelva, con 19 personas y tres embarcaciones.

MÁS ALLÁ DE LAS PATERAS

Las vulneraciones de derechos que soportan las mujeres en la frontera van más allá de los riesgos del propio tránsito migratorio, según APDHA, que añade que se trata de una situación invisibilizada.

Las mujeres tienen sus propios proyectos migratorios, sus propias realidades, que van más allá de la tradicional imagen migratoria en la que «la posición de la mujer se condiciona permanentemente al rol de hija-esposa-madre-víctima, en contra del análisis heroico o del espíritu aventurero con el que se analiza la migración masculina», señala el informe.

Relata las experiencias de algunas de estas mujeres, como Isatu, que huía de un matrimonio forzado, pero que fue deportada a Guinea y tuvo que regresar con su marido.

El informe también recoge la situación de las mujeres en los centros de internamiento de extranjeros (CIE) o la de las trabajadoras agrícolas temporeras, las porteadoras en Melilla o las trabajadoras transfronterizas «que siguen sufriendo una situación terriblemente inestable, vinculada a la pandemia y al cierre de fronteras».

Fuente:
https://www.elmundo.es/andalucia/2022/03/07/622619cbe4d4d853058b45bc.html

Acerca del Autor | Amanda Padron

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