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Caminan en silencio. Unos visten jean y chompa. Otros llegan con un calentador gris. Es el uniforme con el que pasaron retenidos semanas enteras en la frontera de Estados Unidos. Es viernes 19 de marzo de 2021. Un poco antes de las 15:00, un avión con 60 ecuatorianos que intentaban entrar a ese país sin documentos aterriza en Guayaquil.

Fueron deportados. Pocas personas, con chalinas de colores y chompas abrigadas, esperan afuera del aeropuerto.

No hablan. Permanecen horas enteras frente a seis pantallas que muestran imágenes de quienes arriban. En un momento, por las puertas de vidrio empiezan a salir los viajeros. Calzan zapatillas sin cordones. Tampoco tienen correas. Francisco es uno de los jóvenes deportados. Sale y mira a todos lados. En su brazo sostiene una chompa roja.

Camina de prisa y se acerca a una persona que no lo conoce. “Joven, me puede prestar una llamada. No tengo celular ni dinero”. Está desesperado. El chico lo ayuda. “Mi amor, ya llegué en este momento. Estoy en las carpas blancas del estacionamiento, ven”, dice y cuelga. Ahí se queda a esperar. Habla poco y asegura ser de Zamora, que hace un mes intentó llegar a Estados Unidos, pero que la Policía fronteriza lo detuvo en Laredo, un sitio fronterizo cercano al río Bravo. Desde entonces estuvo en un centro de detención y desde allí pudo llamar un día antes a su esposa para avisarle que llegaba a Guayaquil.

“Es horrible todo esto. En esa cárcel uno no puede dormir, porque todo el día nos tenían con una luz intensa. Para comer nos dan un taco frío en la mañana y otro en la tarde. Yo estuve 30 días, pero hay gente que pasa meses”. ¿Por qué vienen sin cordones ni correas?

“Porque la Policía teme que nos suicidemos. Si estamos más de tres meses nos dan el uniforme”. El relato se interrumpe por unos aplausos. Padres, tíos y sobrinos reciben a otro chico. Las mujeres lo besan y los hombres lo abrazan. Todos lloran. Son de Ingapirca, una zona de Cañar. Cuatro horas lo esperaron en el estacionamiento del aeropuerto.

“Tenemos miedo”, decía uno de los hermanos del joven, antes de que el vuelo aterrizara. “Él tiene 24 años y se fue hace dos meses con unos coyoteros”. Hoy deben USD 18 000. “Ahora nos quieren cobrar a la brava”. Temen que busque a la familia por alguna represalia.

Por eso, apenas sale la persona deportada se embarcan en dos camionetas y se van. De enero al 15 de marzo, 850 compatriotas han retornado. En el 2020 fueron 2 776. Todos arriban al Puerto Principal.


Fuente:
https://www.elcomercio.com/actualidad/deportacion-drama-migrantes-ecuatorianos-texas.html

Acerca del Autor | Orlet Luna

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